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19 diciembre, 2019
Caracterización de los brotes de sarampión en Bogotá D. C. y lecciones aprendidas en las acciones de control

Las Américas fueron la primera región de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en ser declarada libre de los virus de la rubéola y el sarampión en 2015 y 2016, respectivamente, por el Comité Internacional de Expertos (CIE) de Documentación y Verificación de la Eliminación del Sarampión, Rubéola y Síndrome de Rubéola Congénita en las Américas. Para sostener este logro, cada país ha elaborado un Plan de acción para la sostenibilidad de la eliminación del sarampión, la rubéola y el síndrome de rubéola congénita 2018- 2023, de acuerdo con los lineamientos dados por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), que brinda una hoja de ruta concreta, con líneas estratégicas de acción, objetivos e indicadores, con el fin de evitar el restablecimiento de la transmisión endémica de los virus del sarampión y la rubéola en cualquiera de los países de nuestra región. Sin embargo, como resultado de la globalización y del consecuente aumento de las migraciones, la incidencia del sarampión se ha aumentado y se han declarado brotes, lo que constituye un problema de salud pública a pesar de que existen medidas efectivas para su prevención y control.

Mientras circule el virus en alguna región del mundo se mantiene el riesgo de brotes en los países y la reintroducción en las Américas, como ocurre actualmente; según el reporte publicado en el sitio web de la OMS en agosto de 2019, en los primeros siete meses del año se ha notificado un número de casos (364.808) tres veces superior al del mismo periodo de 2018 (129.239 casos). Teniendo en cuenta la fragilidad de los sistemas de vigilancia de muchos países, se estima que el número real de casos probablemente sea hasta de 10 veces más. Es el mayor número de casos desde 2006, y confirma el incremento constante observado desde 2017.

En este escenario, la ciudad no ha sido ajena a los casos de sarampión importados, que han puesto a prueba el sistema de salud, mediante la vigilancia en salud pública y de una respuesta rápida y oportuna frente a los casos, para cortar la cadena de transmisión y así lograr proteger nuestros niños.

Reconocer las lecciones aprendidas en la ciudad, en un evento de alto impacto, en una ciudad que alberga cerca de 7.500.000 personas y más de 600.000 menores de cinco años, se constituye en un reto permanente para el Distrito Capital de Bogotá.

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